Comida devorada

Número de almas que pasan.




viernes, 2 de abril de 2010

56 JUEVES

Para olvidar el frío, besémonos con desconocidos, éste día es un día más, mi rostro sigue igual y aún respiro, nada más importa.
Entra alguien por las ventanas de nuestras habitaciones, los secretos del amor nos inundan y el mundo se hace barro. Cada vez me siento más diferente, estando pero no perteneciendo, llorando las traiciones y reflejando un nombre hacia la nada, creen algunos.
El Jueves, es la última llamada a desarmar las agujas del tiempo y olvidarse de cuántas horas sean las que pasamos iluminados por una llama casi imperceptible. Mi espalda está a punto de partirse, bailo la zamba del perdón por las calles de ningún lado y parece que la Cruz arde en mi espalda, y mi banco lleno de silbidos, miradas ajenas y expiaciones juega sin estrategias, tan simple, tan audaz, tan real e irreal a la vez. No me asusto, me contento y tranquila, en paz, me acerco a la carne del viernes, pero es jueves, lo recuerdo, duermo en tu pecho y la cintura de las horas se vuelve cálida y frágil. Existes, existes, existes. Canto. Escucho. Recuerdo. Miro. Todavía duele, ¿Cómo no me di cuenta antes? Viene Mauricio, viene su figura, lo que hace. Algo me hace eco, sigo bailando la zamba, duele.
Quiero ser pan, quiero ser pan me grita un hombre, busco mi anotador, las luces surgen y surgen y surgen y surgen y surgen, sigo despierta. El anotador no está, bueno, lo voy a recordar.
Flor, Jesi, sigan rezando, me voy, junto con mi lágrima, a perderme entre las velas, el Cáliz, las flores, los besos y los mantos de mis Padres y de Su Hijo. Me paralizo, ya no puedo volver, tiendo mis manos. Y sigue doliendo, pero estoy abrazada.

No sigo porque es tarde, Pascua joven.

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